Poemas 6-9 de El ácido de las fugas de Laura Domingo Agüero

6.
Pensé que la guerra había acabado tan sólo por la ausencia de discursos
y erré con mi lanza, los vástagos, las profecías,
porque una vez hundí la aguja en la cresta de las olas;
pero ante la niebla aburrida de la resignación,
mis enemigos ya tenían abierta la garganta.
 
Por eso te quise. Quise
un lugar para morir de la estocada – tú tenías un filo labrado por Hefestos-  
como el borde del crepúsculo, la resina de la desesperación.
 
Y pensé que resistirías.
 
Sin embargo, ahora, hoy, esta tierra se escurre, se lava entre mis uñas
la sonrisa de los infieles.  Veo
que estás ciego de serenidad.

7.
Necesito un espíritu de fuego.
 
Cualquier cosa que no descienda
 
en la pastoral de estos ángeles efímeros

8.
Mis palabras no se esconderán
 
en las páginas de la quietud. Hay heridas sin sonido.
 
Un relámpago se lleva la noche y su silencio
 
es cuanto queda de nosotros, cuanto queda
 
de la renunciación. 

9.
Quizás tú solo puedes hablarme en la dimensión del éxtasis. Y te escucho
porque veo en ti a un hijo de las alucinaciones.  
 
Detrás de mi puerta otros opacan las estrellas rugientes para sobrevivir.
 
Sé que nacen de los cánceres abiertos.
 
Por eso no he querido huir, pero tampoco quiero ver cómo los pétalos rechinan
ante los cambios de estación. Pregunto:
 
¿Y yo de quién soy hija